viernes, 31 de mayo de 2013
sábado, 23 de febrero de 2013
Aquí os dejo el enlace de el "trailer" de mi nueva serie documental sobre el Amazonas, donde recorro la selva de Tambopata y en especial el Parque Nacional Manu, en Perú. Admirando la enorme biodiversidad de uno de los lugares más salvajes e intactos del planeta, donde los únicos seres humanos que podemos encontrar son las tribus de indígenas sin contactar que todavía viven en este bosque de árboles de 50 mts de altura...La aventura está servida!!!
http://youtu.be/8uRVuoBccik
http://youtu.be/8uRVuoBccik
sábado, 22 de diciembre de 2012
Entrevista al biólogo Javier Marcos en el programa de televisión "Talentos" de Mediterráneo tv. por su filmación de una de las últimas nutrias salvajes del río Júcar (Comunidad Valenciana). Durante la entrevista el biólogo también habló de sus viajes por la Amazonía, su fauna y su flora, así como acerca de la situación de las últimas tribus que todavía perviven en ella
https://www.youtube.com/watch?v=0ZkGMBQwSuw
https://www.youtube.com/watch?v=0ZkGMBQwSuw
jueves, 1 de noviembre de 2012
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/10/29/valencia/1351505015.html
Os dejo un link del periódico el Mundo que habla sobre mi filmación de la nutria del Júcar que realicé mediante el uso de una cámara trampa de infrarrojos con detector de movimiento. La filmación confirma la existencia de este depredador en el alto curso del Júcar dentro de la Comunidad Valenciana, donde la especie se encuentra en estado crítico...
domingo, 27 de noviembre de 2011
Viaje por el río Bergantes, el río de las nutrias.

Os dejo este enlace que lleva al documental que hice con el programa de Medi Ambient sobre el río Bergantes (Maestrazgo de Castellón). Como comento en el vídeo, el río Bergantes atesora la mayor población de nutria de la Comunidad Valenciana, ademas de algunos endemismos, una colonia de buitres y cabra montés...
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viernes, 9 de septiembre de 2011
Los Buitres del Maestrazgo.

Llegué a Valderrobles, uno de los primeros pueblecitos serranos de la comarca del Matarraña, provincia de Teruel, ya casi anocheciendo. Tras una escasa media hora de viaje desde Morella, me encontraba esperando a José Ramón Moragrega, el director de un proyecto que supone la esperanza para la pervivencia de una especie de la que se enamoró desde niño, el buitre leonado (Gyps fulvus).
Visitante asiduo de los bien conservados montes del Alto Maestrazgo castellonense, siempre me había preguntado cómo era posible que el buitre leonado abundase tanto en esta sierra donde desgraciadamente, las masías tradicionales han sido poco a poco abandonadas, al igual que la trashumancia, factores de especial trascendencia para la supervivencia de estas aves que tienen en las reses muertas su fuente de alimento. El proyecto de José Ramón y su ferviente colaboradora y mujer, Loly, me dio la respuesta. Desde 1990, José Ramón Moragrega, emprendedor propietario de la finca “Mas de Buñol”, consiguió con el esfuerzo del día a día atraer y alimentar a las rapaces con los restos de conejos de su granja. En mayo de 2000 y con el apoyo de la Administración y entidades privadas, nació así la “Fundación Matarranya Nature” para la conservación de los buitres y otras carroñeras. A partir del año 2005, el proyecto comenzó a evolucionar y gracias al esfuerzo y perseverancia de J. Ramón y Loly se construyeron unos “hides” insonorizados desde el propio edificio de la masía colindante al comedero, para que cualquier persona amante de la naturaleza pudiera observar la evolución de estas impresionantes aves a pocos metros.
Ubicado desde el interior del “hide” vi aparecer a José Ramón en el muladar con su carretilla llena de restos. Una nube de aves gigantescas de cerca de dos metros de envergadura ensombreció el cielo. Según José Ramón había más de 500 ejemplares. El gran misterio de la abundancia del buitre leonado en los montes de Castellón quedaba resuelto. Existen otros comederos y muladares por la provincia de Castellón como el de Villahermosa, que cumplen una función fundamental para la pervivencia de estas aves. Gracias a estas esforzadas iniciativas, el 80% de la población de buitres leonados de Europa, cría en la península Ibérica.
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viernes, 12 de noviembre de 2010
Indonesia; el país de las dos caras.


Autor: Javier Marcos
Amanece en el río Sekonyer, en el parque nacional Tanjung Puting de Kalimantan, la porción de la isla de Borneo que pertenece a Indonesia por meros avatares históricos de los que como de costumbre, su jungla nada sabe. Una algarabía de trinos, chillidos y gorjeos, me levantan del saco de dormir a las 5 de la mañana mientras los estertores de un sol naciente y dorado reflejan las copas de los árboles en las aguas de un río calmo y achocolatado. Llevo dos días navegando en mi Klotok (barco tradicional indonesio de unos 13 metros de eslora) a la búsqueda del orangután (Pongo pygmaeus). Conforme recorro los caños selváticos la jungla asiática me deslumbra con su imponente biodiversidad; orquídeas epífitas, las carnívoras “nephentes”, los macacos (Macaca fascicularis), los monos narigudos (Nasalis larvatus) o pájaros de aspecto casi mitológico como los calaos, que de seguir las cosas como están, pasarán a ser un mito a causa de su inminente extinción. Conforme nos alejamos de la arteria principal del río, atravesando los laberínticos caños que serpentean por el interior de la jungla, sus aguas se aclaran. Será que aquí no llegan, de momento, los efectos de los lodos contaminados con metales pesados de la mina de oro que se explota en pleno parque nacional. Y ya en tierra firme, tras un par de horas de camino por la selva, las ramas de los árboles crepitan sobre mi cabeza tronchándose mientras la hojarasca tiembla. Una familia de orangutanes aparece ante mis ojos entre las copas altas de los árboles desplazándose por braquiación, es decir, usando sus largos brazos y el peso de sus cuerpos como balancín para alcanzar las ramas próximas, lo que les hace avanzar como acróbatas pelirrojos y desgarbados. La excitación del momento y la posibilidad de captar unas magníficas instantáneas de este animal amenazado, me hacen olvidar el mal trago de ver la selva ardiendo, arrasada, talada y replantada de aceite de palma para “biodiesel”, imágenes que me acompañaron como testigos de un paisaje fantasmal durante mi viaje en avioneta a este último reducto natural de Indonesia.
De regreso a Java y tras ser partícipe de su monumental historia petrificada en su templo budista de Borobudur, o en los templos hinduistas de Prambanan, patrimonio de una humanidad superpoblada, busco su naturaleza salvaje sin suerte. Cultivos de clavo, bananos, árboles del pan, teka y arrozales, ocupan lo que otrora fueran junglas, la morada del extinto tigre de Java. Solo en sus numerosos volcanes como el Bromo, se intuye la fuerza de una naturaleza pasada a mejor vida.
La tumultuosa Bali, que con una extensión similar a Gerona tiene sin embargo su población multiplicada por seis, se me antoja otro tanto de lo mismo. De nuevo ese coctel extraño que es Indonesia, esa mezcla casi inmiscible de lo tradicional y lo moderno, de lo exuberante de sus cultivos y de lo esquilmado y maltrecho de sus montes, intoxicando mis pulmones y enamorando mis sentidos todo a un tiempo.
Llegados a este punto de mi viaje pongo rumbo a Papúa, que es, como no podría ser de otra manera en Indonesia, absolutamente todo lo contrario a lo que hasta aquí he relatado; población humana reducida a mínimos y naturaleza virgen por todas partes. Recorrer papúa en avioneta hace saltar las lágrimas de cualquiera ante la emoción de descubrir uno de los últimos lugares prístinos del planeta. Intacta, misteriosa y salvaje, Papúa es cuna de buen crisol de etnias que acaban de salir, a causa de la reciente evangelización misionera, de una prehistoria que los libros se obstinan en encuadrar como un acontecimiento de hace 10.000 años. Siendo esto cierto, debo decir que entonces mi viaje a Papúa fue un viaje en el tiempo, porque allí conviví de primera mano con el neolítico más profundo. En el remoto valle de Baliem tuve la oportunidad de conocer a la cultura Dani; visité algunas de sus aldeas, dormí en sus chozas, asistí a una boda tribal, estreche manos sin dedos, sesgados a consecuencia del dolo producido en ritos funerarios que aquí en occidente nunca entenderíamos. Fui partícipe de sus danzas guerreras ideadas en los tiempos en que el canibalismo era una práctica común, hoy según se dice, erradicada por los misioneros evangélicos.
Y ya de vuelta en occidente, cuando los aromas de otra aventura vivida fosilizan en recuerdos, no puedo evitar degustar de nuevo el coctel de contrastes que es Indonesia, que a mi entender se asemeja por completo a un Buda de dos caras; el de la cara amable y el de la más amarga, pero que pese a todo ejercerá siempre un poder mágico sobre el viajero que visite estas tierras tan lejanas, impulsándolo a volver mientras la sin razón humana y la superpoblación dejen todavía en Indonesia algo visitable.
Y ya de vuelta en occidente, cuando los aromas de otra aventura vivida fosilizan en recuerdos, no puedo evitar degustar de nuevo el coctel de contrastes que es Indonesia, que a mi entender se asemeja por completo a un Buda de dos caras; el de la cara amable y el de la más amarga, pero que pese a todo ejercerá siempre un poder mágico sobre el viajero que visite estas tierras tan lejanas, impulsándolo a volver mientras la sin razón humana y la superpoblación dejen todavía en Indonesia algo visitable.
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